Buenas y malas razones para aprender con tecnología

En los últimos años he repetido muchas veces una pregunta a profesores y directores de muchas escuelas y realidades diferentes: ¿Necesitamos la tecnología para enseñar? 

Es una pregunta capciosa porque, les confieso, nunca espero que la respuesta sea simplemente NO; sin embargo, las respuestas que recibo me ayudan a entender las verdaderas razones por las que una escuela decide integrar tecnología. 

Una y otra vez me sorprende encontrar respuestas parecidas y que, con el tiempo, he logrado resumir en 7 respuestas clave:  

  • Por qué es lo de hoy
  • Por que las demás escuelas ya las tienen
  • Por una cuestión de marketing
  • Porque que los chavos lo demandan
  • Por que lo piden los papás
  • Por que me obliga la plataforma de contenidos que he contratado para mi escuela 
  • Porque el gobierno regaló las tablets a los alumnos
  • Porque los alumnos se aburren en clase

Sin embargo, lo que más me sorprende no es la consistencia de las respuestas sino que ninguna de ellas alude a razones pedagógicas, es más, ni siquiera alude lo que se puede hacer con tecnología.  Me da la sensación que las escuelas adquieren equipos tecnológicos por las razones equivocadas. 

En realidad, me gustaría escuchar otro tipo de respuestas como:

  • Para desarrollar el pensamiento crítico de los alumnos y que puedan diferenciar noticias falsas de verdaderas
  • Para que aprendan a ser ciudadanos digitales capaces de moverse en entornos digitales con los mismos valores que se mueven en mundo físico, es decir, sin hacer bullying 
  • Para colaborar con personas de otras culturas y países
  • Para desarrollar su creatividad en entornos digitales
  • Para aprender a seguir aprendiendo el resto de su vida
  • Para que puedan llevar a cabo cualquier idea que tengan
  • Para poder comunicarse y gestionar su aprendizaje 

Pero, estas respuestas sólo surgen si logramos a alinear la tecnología con su modelo de aprendizaje y con el modelo de persona que están formando para el futuro. Y para eso es preciso pensar, previamente, qué herramientas quiero dar a mis alumnos para desenvolverse en un mundo cada vez más tecnológico; qué habilidades necesitarán en el futuro y cuales necesitan tecnología para desarrollarse.

Una vez hechas estas preguntas, la clave no está en si ahora necesito una Chromebook para que mis alumnos aprendan lo que siempre les he enseñado sin tecnología; sino, en pensar qué otras habilidades pueden desarrollar mis alumnos usando tecnología mientras aprenden. 

Y tú, ¿Necesitas la tecnología para enseñar?